Descripción
En esta Menina 7 me entrego a la reinvención más libre de un icono eterno, despojándola de todo academicismo para convertirla en pura emoción cromática y gesto interior; su figura, fragmentada y luminosa, nace de mi necesidad de dialogar con la tradición desde la osadía, como hicieron Pablo Picasso o Henri Matisse, pero llevándola a mi propio territorio expresionista, donde el color no describe, sino que late. Aquí no pinto una menina: me pinto a mí mismo en ella, en su misterio, en su silencio lleno de vida, en esa tensión entre lo visible y lo soñado que convierte el lienzo en un espacio de revelación íntima y profundamente contemporánea.




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