Descripción
En Torero me sitúo deliberadamente en esa estirpe de pintores que, como Egon Schieleo Ernst Ludwig Kirchner, entendieron la figura como un territorio de tensión y verdad emocional. No busco la anatomía exacta, sino el pulso interior: esa vibración que convierte al torero en símbolo, en gesto casi ritual. De ahí la rotundidad de los colores, el rojo que arde como una herida abierta, el verde que respira fondo y paisaje, y ese trazo deliberadamente quebrado que recuerda que la vida —y el arte— no son nunca líneas rectas. En esta obra me dejo llevar por la libertad que conquistaron los expresionistas del siglo XX, pero la atravieso con mi propia mirada, más visceral, más íntima, más arraigada en mi memoria cultural. Pinto no lo que veo, sino lo que me atraviesa: y en ese tránsito, el torero deja de ser figura para convertirse en emoción pura, en un grito contenido que se sostiene sobre el lienzo.




Valoraciones
No hay valoraciones aún.